Estrategia o conocimiento

Cuando hablamos de gestión y dirección empresarial no podemos obviar una serie de términos con un alto contenido implícito como estrategia, valor añadido, excelencia, optimizar y un largo etcetera. Son conceptos tan amplios que pierden peso en los tiempos en que una crisis nos obliga a trabajar en el corto-medio plazo con niveles de exigencia muy altos, penalizando el largo plazo, lo que nos produce cierta sensación de atrevimiento cuando nos referimos a la estrategia o a la excelencia empresariales. No, no creo que hayan perdido validez, sino más bien que han cambiado en el orden de prioridades o requieren garantizarse con el conocimiento o la eficacia.

A su vez, irrumpieron en el argot del management otros conceptos con una gran fuerza para señalar la urgencia de acometer mejoras empresariales, ya no es suficiente con realizar las mejoras continuas que nos enseñó la calidad, ahora se exige con rotundidad transformar los negocios, con transformación digital incluída.

Esta urgencia surge precisamente de la necesidad de conocimiento, porque la ventaja competitiva de una empresa ya no solo reside en la mejor “tecnología”, entendida como un modo de producir y servir con su equipo humano y su maquinaria, sino que requiere de información tratada adecuadamente para arrojar “saber” orientado a la acción: tomar decisiones inteligentes que permitan incrementar el valor añadido del negocio, es decir, la rentabilidad de la empresa.

Los sistemas de información acumulan demasiados datos, generan infinidad de reportes, pero no siempre están dotados de la capacidad de aportar el “saber” que los directivos deben ir acumulando si desean recuperar la solvencia de la que hicieron gala años atrás a la hora de tomar la mejor decisión, ahora que la incertidumbre se ha instalado y hemos tomado consciencia de que una respuesta que empiece por “depende” es más inteligente que una sentencia firme que no considere distintas hipótesis.

Por eso se hace imperativo realizar trabajar con distintos escenerios para conocer los resultados con distintas hipótesis, someter a pruebas de estrés la gestión empresarial desde la línea de producción a la cuenta de resultados, y anticipar el impacto de las decisiones y de los riesgos a los que está sometida la empresa.

Ahora ya no importa tanto cuanto de bien hayamos definido nuestra estrategia corporativa, ni de si hemos definido los indicadores KPI´s perfectamente alineados que traducen la estrategia a operaciones, y de que además estemos realizando el correcto seguimiento de las desviaciones. Ahora lo que sí más importa es la capacidad que hayamos desarrollado para controlar cómo los factores exógenos y los factores endógenos modifican los resultados, así como, para tomar decisiones inteligentes que influyan adecuadamente en dichos factores con el objetivo de ganar más, ahora o en el futuro.

En el nuevo contexto económico, nos enfrentamos al reto de transformar los datos empresariales en conocimiento al servicio de los directivos. El resultado será un nuevo management en el que las decisiones se asemejan más a decisiones de inversión, comparando las TIRs o los VANs o cualquier otro algoritmo o método objetivo que considere las variables y proporcione los resultados de las distintas alternativas de decisión.

Después de todo, y aunque existe una unanimidad acerca de que el conocimiento debe formar parte de la escueta lista de ventajas competitivas de las empresas y acabará convirtiéndose en un commodity, no resulta trivial la forma en cómo enfrentarse a la temida transformación. Por un lado, los sistemas de información de mercado han evolucionado significativamente quizá pretendiendo dar respuesta a esta necesidad o quizá se han quedado en la automatización de los procesos administrativos y una generación de un volumen desmesurado de semi-información. Y, por otro lado, una metodología de gestión anclada en una estrategia que fija objetivos y que determina las decisiones para minimizar las desviaciones, que se enfrenta a una larga curva de aprendizaje hasta alcanzar el nivel deseado de conocimiento para, consecuentemente, alcanzar los mejores resultados posibles dentro de un entorno dado.

Así pues, la primera decisión estratégica de las compañías debiera ser la transformación de los datos a conocimiento a merced de la gestión empresarial, el resto de decisiones estratégicas serán una consecuencia de la enterior.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s