Vivir de rentas

Tras seis meses tratando de subsistir y lograr unos objetivos difíciles de alcanzar, me veo obligada a realizar algunos ajustes personales y profesionales, e identificar mis limitaciones si de verdad quiero asegurar el éxito futuro de mi empeño y evitar los errores cometidos en este tiempo atrás.

De modo que aquí me encuentro escribiendo desde la perspectiva de alguien que ha estado fuera y desconectada del mundo, de las tendencias y con la necesidad de inspirarse en google para enfrentarse al reto de generar rentas creando una solución contundente de gestión de datos que aporte un valor añadido más allá de los estándares proporcionados por los sistemas de información, que a pesar de su evolución incorporando cuadros de mando, análisis de negocio, enlazando bases de datos para generar cuadros de indicadores externos, siento que se no han conseguido romper el techo de cristal de la gestión de la información.

Sospecho que esto se debe a que sin querer queriendo seguimos haciendo lo mismo una y otra vez, simplemente lo pintamos de otro color, por qué no rompemos los esquemas y empezamos de nuevo, no solo en la gestión de la información donde se han alcanzado los algoritmos y la paleta de colores, sino también en nuestra vida personal. La vida es muy larga para repetirnos constantemente y, peor aún, repetir lo que otros han hecho, para qué reescribir la vida de otros, por qué no escribir nuestra propia historia, no con el propósito de que alguien la lea, sino para expresarnos a nosotros mismos, como ejercicio para detectar lo que queremos hacer, hacernos conscientes de hasta donde ansiamos llegar. En definitiva, realizar un esfuerzo mental que mejore nuestro flujo cerebral y rozar los recorridos de nuestro cerebro y hacer transitables nuevas rutas eliminando todo lo prescindible que consuma espacio y recursos para alcanzar cimas más altas, más creativas, más ambiciosas, más inconformistas que nos aporten valor a nosotros mismos.

Ciertamente agradezco enormemente toda la información disponible en internet y me resulta muy valiosa en mi día a día, pero igualmente siento que nos esclaviza fijando unos estándares de buena imagen que exige una inversión en una página web, en un blog, en las redes sociales y, dado que el tiempo es finito, dicha inversión ha de ser sustraída de otras áreas de nuestra vida. Pero lo que resulta más sorprende es cómo refleja que ciertamente el objetivo parece ser reescribir historias, cuando veo esas presentaciones impecables de profesionales que se muestran impolutos porque no han cavado en terrenos inhóspitos, sino que por el contrario se han limitado a pintar del color más favorecedor un mensaje ya plantado años ha.

Creo que se trata de una pasarela en la que mostrar nuestras mejores galas, pero no nuestra mejor esencia como cuando nos relacionamos de tú a tú, y quizá porque nos estamos moviendo en un mundo que se asemeja o se ve reflejado en internet, nos comportamos sin esa genialidad que me cuesta creer que no tengamos, pero que probablemente nos restaría vistosidad y glamour. Porque expresar la genialidad conlleva los riesgos de salirse del patrón, porque acertar no es seguro y los desaciertos están altamente penados sociológica y económicamente, y tener la valentía de aceptar los fracasos no resulta tan fácil como sería conveniente y deseable.

Puede que los de nuestra generación ya no tengamos el hambre suficiente y nos conformemos con vivir de rentas.

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